Vuelva a leer de cabo a rabo el capítulo anterior, Laurence Sterne

Calle del Orco

Pierrot Watteau

— ¿Cómo ha podido usted, señora, estar tan distraída durante la lectura del último capítulo? Le he dicho a usted en él que mi madre no era papista.
—¡Papista! Usted no me ha dicho tal cosa, señor.
—Señora, le ruego que me permita volver a repetírselo una vez más: se lo he dicho por lo menos con tanta claridad como las palabras, por inferencia directa, se lo podían decir a usted.
—En ese caso, señor, debo de haberme saltado una página.
—No, señora, no se ha saltado usted ni una palabra.
—Entonces es que me he quedado dormida, señor.
—Mi orgullo, señora, no puede consentirle este recurso.
—Pues le aseguro que no sé nada en absoluto acerca de esa cuestión.
—Ese es un fallo, señora, que le achaco enteramente a usted: es justamente lo que le reprocho; y, en castigo, insisto en que retroceda inmediatamente —es decir, en cuanto llegue…

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